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jueves, 22 de septiembre de 2011

- Una figura herida -



 Anoche vi su rostro. Fue un instante
total, de esos que cuentan los que saben
del alma de los hombres que equivalen
a una vida completa. Tuve tiempo
para buscar sus ojos y mirarlos
y proyectar en ellos toda mi soledad,
todo mi desamparo, todo el desasosiego
de no saber, de no esperar, y abrirme
en ellos y encontrar esa ternura
que no sabemos nunca si procede
de una mirada amiga, pero vemos
que nos envuelve y nos consuela y hace
un arroyo de luz en nuestro pecho.
Necesitaba tanto esa ternura,
necesitaba tanto su consuelo,
arrojarme en su luz, dejar un llanto
largo, mas sin gemidos,
manar, fluir, lavarme,
correr por sus mejillas,
que me dejara limpio de memoria,
limpio de mí, que apenas
entreví su mirada. Me miraba,
lo sé, bajo mis propias lágrimas,
sin alterar su paz, como dejándome
su paz en mi abandono.
Y yo me abandoné, me abandonaba
a su caricia quieta,
a su presencia inmóvil, a la plena
certeza de su gozo. Fue un instante
total, de esos que cuentan los que saben
del alma de los hombres que equivalen
a una vida completa, aquella vida
que encuentra su sentido y nunca acaba,
y nunca acabará sin su consuelo. 
 
. Antonio Carvajal .