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martes, 23 de noviembre de 2010

Centella - . Anónimo . Cortesía by Nickaso


Era sólo una tarde más sentado a la misma mesa en el mismo rincón., como siempre sentado con la espalda sosteniendo la pared, las viejas costumbres, los malos hábitos Yo sólo era un cliente habitual del tugurio con nombre de “La Centella”, tan habitual como la pátina traslúcida y que apagaba el color de las mesas dándole un aspecto más rancio al sitio.

Me pregunté por nosecuántosava vez quién habría sido el humorista que llamó a aquel antro con un nombre tan luminioso, El lugar era oscuro, apagado no sólo las mesas lo eran, la luz iluminaba apenas el whisky delante de mí y los tres vasos más vacíos que habian precedido al que rodaba entre mis manos. Era tan apagado que sólo aparecían siluetas de marcos sobre las borrosas paredes, debían ser cuadros o fotografías, o tal vez dibujos de niño, imposibles de distinguir; que las salpicaban como gotas de sangre después de golpear una cabeza con un bate de beisbol.

Apuré el trago de golpe evitando apenas que el hielo golpease mis dientes y miré a Jerry. Jerry era el camarero, dueño y matón del local, en realidad su verdadero nombre era Gerónimo, pero claro, ¿quién utilizaría ese nombre para nombra a un camarero de un antiguo club de prostitución?. Jerry era el típico luchador, curtido en mil batallas, evitando cualquier atisbo de victoria, con ese gesto mezcla de desencanto y hastío que marca a los boxeadores con demasiadas caídas sobre la lona. La cabeza quedaba orlada por una rebelde mata de pelo que nunca había sido atacada por un peine y la cara era un mapa con arrugas tan profundas como un campo recién arado.

No era lo suficientemente tarde, ni lo suficientemente pronto para que estuviesen presentes los diferentes turnos de parroquianos. El primer turno eran los bebedores que entraban a buscar una copa y el morbo de visitar un lugar que parecía sacado de una sala del museo de cera; el segundo lo componían las chicas alegres, de triste mirada, que encontraban en el bar un lugar más sórdido que su propia profesión, buenas chicas, chicas duras de dura historia. Normalmente entraban a recibir el calor de una copa antes de continuar con su guardia de esquina.

Le hice un gesto de brindis a Jerry sabiendo que el código era recibido e interpretado correctamente, cualquier otro hubiera pensado que el mensaje se había perdido en el aire, ya que el gesto de reconocimiento de aquel hombre fue tan evidente como para mí era un informe del Banco de España. Con torpes movimientos preparó un whisky gemelo al que acababa de atravesarme el esófago, como siempre, largo y con un hielo.

De repente la puerta se abrió y una ráfaga de luz atravesó el aire en mi dirección con sacrílega indiferencia al templo de sombras en que me encontraba, parpadee varias veces, como un miope recién levantado comprobando su reloj de pulsera. Cuando la luz dejó de ser una lanza clavada en mi nervio ocular y se convirtió en un simple puñetazo en la cara puede ver su silueta.

Dicen que las mujeres tienen forma de guitarra, no sé si es así; no entiendo mucho de cuerdas, pero a la dueña de esa silueta le hubiese dado con gusto una para que me atase a la cama. La chinesca sombra que jugaba con mi líbido, se dirigió hacia mí movida sobre invisibles railes. Cuando su trayectoria le llevó a ponerse ante mis ojos me descubrí deseando que en el infierno los demonios tuviesen ese aspecto, para recibirme cuando mi hígado estallase en etílicos pedazos.


. Anónimo . Cortesía by Nickaso 13-03-2010