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miércoles, 15 de diciembre de 2010

- CUENTO DE NAVIDAD - by Norman


kaf se quedó mirando una vez más los frascos que él mismo había puesto encima de la mesa. Pastillas de varios colores debidamente etiquetadas y alineadas por tamaños y formas, que habían sido hasta entonces lo que él llamaba "sus mejores amigos", todo un arsenal farmacológico que estaba condenado a tomar diariamente para mitigar los síntomas de sus diferentes dolencias.
kaf estaba sólo, como cada día desde que falleció su mujer, hacía de esto año y medio. No se hablaba con ninguno de sus tres hijos, aunque sabía que su esposa se había visto regularmente con ellos a sus espaldas, pero siempre hizo la vista gorda ante esa circunstancia. Su caracter ágrio, difícil, dictatorial y antisocial, le habían llevado al lugar donde ahora se encontraba: una soledad absoluta, rota dos días a la semana por la visita de Sara, la asistenta social, que el ayuntamiento le había asignado para que le ayudase en las diferentes tareas de la casa. Se quedó mirando una vez más el cocktail de medicamentos que llevaba días preparando para "celebrar" la noche de navidad. Será más que suficiente, se dijo para sus adentros, mientras volvía a poner su "cena de despedida" en el plato. Se levantó para dirigirse al sofá y puso la tele; los sonidos del mundo exterior comenzaron a irrumpir en la estancia a través de las imágenes del telediario; guerras, inundaciones desgracias, calamidades, alegrías, esperanzas, hazañas y decepciones de un mundo al que era ajeno y que nunca le gustó. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando y continuó escuchando el relato de las noticias como si de un mantra budista se tratase, momentos antes de sentir esa laxitud narcotizante que precede al sueño. De repente escuchó una voz tras de sí.
- !kaf, por favor! !kaf!.
Incapaz de abrir los ojos, volvió a escuchar la llamada desesperada de alguien.
- !Por favor, kaf, ayúdanos!
el tono desgarrado y apremiante de esa llamada de auxilio, le desconcertó - será un sueño, seguro que después despertaré y no recordaré nada.
- !kaf, por favor, ayúdanos a escondernos! !vamos a morir!
Volvió su cabeza y allí estaba, atrapado en algún lugar árido y oscuro, junto a unos matorrales que apenas levantaban a la altura de sus rodillas, se quedó mirando hacia el lugar donde le imploraban su ayuda angustiosamente.
Ésto es imposible, no puede ser verdad se dijo, convencido de que estaba inmerso en alguna ensoñación pasajera, y que en cualquier momento regresaría a la realidad desde su onírica experiencia extracorpórea.
Ls bombas sonaban a escasos metros del lugar, y su ritmo iba in crescendo; el sonido de las balas silbando por encima de su cabeza estaban empazando a ponerle nervioso.
!Señor, por favor! !ayúdenos a vivir, usted puede hacerlo! !Sálvenos, por favor!.
kaf se quedó mirando a su alrededor y vió unas piedras que había a una treintena de metros a su derecha, y decidió zambullirse en lo que él consideraba una trampa del subconsciente y seguir la corriente a los hechos.
- !venid por aquí! - conminó con enérgica voz señalando el lugar. Eran dos piedras de no gran tamaño, claramente insuficientes para prestar protección del fuego de artillería que les acosaba y que cada vez estaba más cerca.
Giró alrededor y se dió cuenta que debajo de unas ramas secas había una grieta por donde cabía una persona.
- Por aquí, rápido .- urgió a sus acompañantes. -
Entraron todos en la cueva y volvió sobre sus pasos, empujando una de las rocas hasta la entrada, sellándola y aislándola del paisaje bélico que les perseguía.
La oscuridad era total y aunque a salvo del fuego enemigo, los problemas persistían.
!kaf, por favor, no vemos nada! - reclamó el hombre. Y kaf extendió su mano a la derecha buscando una solución que se le antojaba fantástica e irrealizable, pero que surtió un efecto fulminante, pues justo en ese punto había una tea que al cogerla se encendió por arte de magia iluminando la cueva.
En ese momento pudo observar las caras por primera vez, jamás les había visto. Un hombre de aspecto digno y joven le miró a los ojos con sincera gratitud. Entonces se dio cuenta de que la otra persona era una mujer y que además estaba preñada, sentada sobre el frío suelo de la gruta y con gestos visibles de estar en la fase final de un inminente parto.
- !kaf, necesitamos agua y ropa seca!
Él se quedó mirandoles con cierta sorna, sabedor de que se trataba de un sueño, y de que allí ni había agua ni ropa. Pero consciente de que en ese sueño disfrutaba de amplios poderes, dio cinco pasos hacia el interior y extendió sus manos al vacío, haciendo que al instante unas pieles suaves y secas se posasen sobre sus manos.
- Aquí tienes, levanta a tu mujer y recuéstala sobre una de ellas, la otra piel guárdala para tapar al bebé cuando salga.
- !Ahora el agua, kaf!
Volvió sobre sus pasos y siguió caminando hasta el fondo de la cueva, dónde como era de esperar se topó con un manantial de agua cristalina. Cogió un barreño que casualmente también había allí, y los llevó rápidamente a la improvisada sala de partos.
- !Rápido kaf, el bebé ya está saliendo! - gritó el hombre de noble rostro.- !el agua, deprisa!
La mujer gritaba y gritaba, empujando con todas sus fuerzas. kaf miraba expectante la resolución del sueño.
Y de repente se produjo el milagro, apareciendo ante sus ojos un niño rebosante de vida - !el cordon, kaf, hay que cortar el cordon!.
Y kaf, cómo no, metió mano a su bolsillo y sacó una hoja de afeitar limpìa y sin usar que sabía que jamás había puesto ahí.
Cortó el vínculo umbilical de forma precisa, lo lavó cuidadosamente y puso al niño en el regazo de su madre, debidamente seco y envuelto en la suave piel que había guardado a tal efecto. Todos se miraron con un sereno brillo en los ojos que hacía innecesarias las palabras.
La mujer entonces dijo a kaf:
- Cógelo kaf, quiero que su primera sonrisa sea para ti - kaf lo tomó en sus manos y le miró a la cara. El niño lloraba y tenía los párpados cerrados. Pero en el momento de tomarlo entre sus manos, abrió los ojos y le sonrió con la más dulce sonrisa que jamás hubiera imaginado.
- Sin ti no lo habríamos conseguido, gracias kaf. Mañana es nochebuena y recibirás tu regalo a la hora de la cena.
El hombre de aspecto noble tomó a su hijo de los brazos de kaf delicadamente, y cogiendo a su esposa de la cintura se alejaron a través de la oscuridad.

El timbre de la puerta le despertó sobresaltadamente. kaf miró el reloj de la pared; eran las nueve de la noche.

- Buenas noches, kaf - saludó coridalmente Sara desde el rellano de la escalera - he venido simplemente a desearle una feliz noche de Navidad y a traerle un trozo de tarta para que la tome de postre esta noche.
- Gracias, Sara. Me había quedado dormirdo en el sofá, ya tengo preparada la cena. No tenías que haberte molestado, espetó tibiamente mientras Sara se despedía bulliciosa al bajar las escaleras.

!Feliz Navidad, kaf! - escuchó alejarse la voz de Sara hacia el patio, momento en que cerró la puerta y se dirigió nuevamente al salón.

Es la hora, se dijo, la hora de la "última cena" - apostilló socarronamente.
Se duchó parsimonioso, y se afeitó con la maquinilla eléctrica. Acto seguido cogió un traje gris marengo que guardaba en el interior de una funda en el armario y se vistió con él; cogió el plato con las pastillas, debidamente tapadas con papel albal y lo puso sobre la mesa, junto al trozo de tarta que Sara acababa de traerle.
Se sentó ceremonioso y tras hacer un rápido inventario de su atormentada y desgraciada vida, pasó su mirada alrededor de la habitación, como gesto de despedida.
Quitó el papel albal del plato, para comenzar a ingerir su letal contenido, y de repente comenzaron a distorsionarse las pastillas, que parecían derretirse entre vahídos de diferentes colores; se quedó mirando alucinado y poco a poco una imagen se iba conformando en el fondo del recipiente; difuminada al principio y de forma nítida después, se dibujó en el plato el rostro de un niño que le sonreía con la sonrisa más dulce que jamás hubiera siquiera imaginado. Con los ojos abiertos de par en par miraba y le sonreía, mientras escuchaba una voz que le decía:
- !Sin ti no lo habríamos logrado, gracias kaf! !! quita el envoltorio al trozo de tarta! !ése es tu regalo!
kaf accedió a ello rápidamente y quito el papel de periódico que envolvía el regalo.
Un trozo de tarta con forma de corazón apareció ante él.
- !Come la tarta ahora! - ordenó la voz que le hablaba desde el fondo del plato.
kaf tomó el trozo de tarta, degustándolo con placer. Jamás había probado un manjar tan dulce y sabroso.
!Ya está! !Ahí tienes tu regalo! - insinuó la voz de forma aclaratoria - !Ahora ve a mirarte al espejo!
kaf se dirigió al cuarto de aseo, encendió la luz y se plantó delante de él.
Una sonrisa resplandeciente adornaba su cara. Al principio no se reconocía, pues jamás había sonreído, pero poco a poco fue sintiendo en su interior que ya nada volvería a ser como antes.
Recogió el plato de donde ya había desaparecido la cara del niño sonriente, cogió el teléfono y marcó un número.
- Hola, soy yo, me gustaría pasar a desearte una feliz navidad.
- Sí, padre, hay un lugar y un plato en la mesa para ti; estamos toda la familia reunidos, sólo faltas tú. Te esperamos padre, !Feliz Navidad!


. Norman .13-12-2010